Santa Misa presidida por el Presbítero José Arturo López Cornejo, desde el Templo San Juan Bautista del Pueblo de Acatlán, estado de Guerrero, México.
Liturgia de la Palabra del Miércoles de la II Semana del Tiempo Ordinario.
Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»
Lectura del primer libro de Samuel 17, 32-33. 37. 40-51
En aquellos días, Saúl mandó llamar a David, y éste le dijo: «Majestad, no os desaniméis. Este servidor tuyo irá a luchar con ese filisteo.»
Pero Saúl le contestó: «No podrás acercarte a ese filisteo para luchar con él, porque eres un muchacho, y él es un guerrero desde mozo.»
David le replicó: «El Señor, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, me librará de las manos de ese filisteo.»
Entonces Saúl le dijo: «Anda con Dios.»
Agarró el cayado, escogió cinco cantos del arroyo, se los echó al zurrón, empuñó la honda y se acercó al filisteo. Éste, precedido de su escudero, iba avanzando, acercándose a David; lo miró de arriba abajo y lo despreció, porque era un muchacho de buen color y guapo, y le gritó: «¿Soy yo un perro, para que vengas a mi con un palo?»
Luego maldijo a David, invocando a sus dioses, y le dijo: «Ven acá, y echaré tu carne a las aves del cielo y a las fieras del campo.»
Pero David le contestó: «Tú vienes hacia mí armado de espada, lanza y jabalina; yo voy hacia ti en nombre del Señor de los ejércitos, Dios de las huestes de Israel, a las que has desafiado. Hoy te entregará el Señor en mis manos, te venceré, te arrancaré la cabeza de los hombros y echaré tu cadáver y los del campamento filisteo a las aves del cielo y a las fieras de la tierra; y todo el mundo reconocerá que hay un Dios en Israel; y todos los aquí reunidos reconocerán que el Señor da la victoria sin necesidad de espadas ni lanzas, porque ésta es una guerra del Señor, y él os entregará en nuestro poder.»
Cuando el filisteo se puso en marcha y se acercaba en dirección de David, éste salió de la formación y corrió velozmente en dirección del filisteo; echó mano al zurrón, sacó una piedra, disparó la honda y le pegó al filisteo en la frente: la piedra se le clavó en la frente, y cayó de bruces en tierra. Así venció David al filisteo, con la honda y una piedra; lo mató de un golpe, sin empuñar espada. David corrió y se paró junto al filisteo, le agarró la espada, la desenvainó y lo remató, cortándole la cabeza. Los filisteos, al ver que había muerto su campeón, huyeron.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Reflexión de la primera lectura
Uno de los grandes errores del mundo de hoy es pensar que puede realizar su vida con sus propias manos; que puede prescindir de Dios, que puede hacer frente a sus problemas sin más ayuda que su débil voluntad. Cree que la técnica, la ciencia y su inteligencia pueden darle la victoria, la alegría y la paz. El pasaje que hemos leído nos muestra que esto es un error. Es la fuerza de Dios, la fe y el poder del Espíritu Santo el que salen en defensa nuestra, aun en contra de nuestros más fieros adversarios, como pueden ser nuestras pasiones y debilidades. Este pasaje nos recuerda lo que había proclamado el salmista: «No vence el hombre por su mucha fuerza, sino por su confianza y entrega a Dios». Si el hombre se acobarda, como Saúl ante sus problemas es porque, como él, ha olvidado que tiene como aliado al Señor, al Rey del universo para quien todo es posible. No te dejes atemorizar por tus problemas y dificultades, hazles frente, pero hazlo como David, con la fuerza y el poder de Dios.
Salmo 143, 1-2. 9-10
R/. Bendito el Señor, mi Roca
Bendito el Señor, mi Roca,
que adiestra mis manos para el combate,
mis dedos para la pelea. R/.
Mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y mi refugio,
que me somete los pueblos. R/.
Dios mio, te cantaré un cántico nuevo,
tocaré para ti el arpa de diez cuerdas:
para ti que das la victoria a los reyes,
y salvas a David, tu siervo. R/.
Lectura del Santo Evangelio según san Marcos 3, 1-6.
En aquel tiempo, Jesús entró en la sinagoga, donde había un hombre que tenía tullida una mano. Los fariseos estaban espiando a Jesús para ver si curaba en sábado y poderlo acusar. Jesús le dijo al tullido: «Levántate y ponte allí en medio».
Después les preguntó: «¿Qué es lo que está permitido hacer en sábado, el bien o el mal? ¿Se le puede salvar la vida a un hombre en sábado o hay que dejarlo morir?» Ellos se quedaron callados. Entonces, mirándolos con ira y con tristeza, porque no querían entender, le dijo al hombre: «Extiende tu mano». La extendió, y su mano quedó sana.
Entonces se fueron los fariseos y comenzaron a hacer planes con los del partido de Herodes para matar a Jesús.
Palabra de El Señor.
Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús.
Reflexión del Santo Evangelio
Nadie le va a decir a Cristo qué hacer y qué no hacer, y menos cuándo hacerlo. Cristo siempre va buscando la manera de enseñar e iluminar y ensanchar corazones. En este caso se encuentra con un hombre con la mano tullida, era sábado, todos lo espiaban. Les lanzaba la pregunta: ¿Qué es lícito hacer en sábado? ¿curar a un hombre o dejarlo morir? El evangelista nos dice que Jesús los vio con ira y tristeza porque no querían entender
¡Qué fuerte! No querían entender, no querían abrir el corazón a amar más y amar mejor. No querían abrir su corazón, su mente, para liberarse de la esclavitud de normas y de reglas superficiales; no querían dar el paso de generosidad que eso les implicaba.
Recuerdo que hace un par de años me tocó llevar a un grupo de españolas de misiones, misiones de un mes y no tenían solo la mano tullida, sino también el corazón. Ya llevábamos como tres semanas y no veíamos ningún cambio. Empezamos la última semana en una comunidad nueva y, a medianoche, nos levantan los niños del pueblo para que fuéramos a ayudar en un parto porque la matrona de la comunidad no estaba.
En misiones, pues ya saben que no hay médicos y entonces los partos los atiende una matrona o partera, dependiendo de cómo le llamen en esas comunidades. Ya cuando habíamos terminado, como a las 5 de la mañana, íbamos de regreso a la casa donde dormíamos y de repente vemos que había un cerrito y veíamos a señores y señoras del pueblo que subían con antorchas y cargaban algo. Al preguntar qué era, un niño nos contesta: ‘andamos acarreando el agua para el baño’. El pueblo se levantaba a sacar agua del arroyo, calentarla y vaciarla en el tinaco que habían puesto para las duchas de las misioneras.
No podíamos creer aquello. Lo más sorprendente es que cuando una de las misioneras le pregunta al mayordomo del pueblo por qué hacían todo eso por gente que no conocían, él le respondió: ‘no lo hacemos por ustedes, niña, es Cristo quien vino a visitarnos esta semana y Él se merece lo mejor’.
Para esa comunidad no había días de la semana para hacer el bien y servir a Jesús. Obviamente, gracias a Dios, las misioneras esa última semana dieron un giro y todas tocaron el corazón de Jesús a través de la caridad y el servicio de otros. Su corazón tullido volvió a bombear sangre nueva.
No seamos como los fariseos, abramos el corazón y la mente a poner en práctica aquello que Cristo nos pide, y lo que Cristo nos pide es: dar de beber al sediento, vestir al desnudo, perdonar al que nos ofende, disculpar al que se equivoca, consolar al triste, aconsejar a quien lo necesita, visitar al enfermo. Sin importar el día ni la hora para hacerlo. Abrir el corazón para amar más y mejor; dedicarle tiempo de calidad a quien me rodea.
Esta reflexión del Evangelio fue escrita por:
Paola Treviño, consagrada del Regnum Christi. En colaboración con Evangelización Activa.
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.
Pbro. Ernesto María Caro.
Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, José y María.

Recemos juntos el Santo Rosario con el P. Javier Olivera Ravasi, SE, San Francisco, USA. Canal QNTLC.
Hoy contemplamos los Misterios Gloriosos.
Continuamos compartiendo esta bella serie: La vida espiritual, con los hermanos sacerdotes de la Orden San Elías (OSE)
Conozcamos a los santos de hoy, Santa Inés, con el P. José de Jesús Aguilar Valdés desde México y el canal de youtube Heraldos del Evangelio.