Santa Misa presidida por el P. José Arturo López Cornejo desde el Pueblo de Pochauixco, estado de Guerrero, México
Liturgia de la Palabra del Jueves de la IV Semana de Pascua de Resurrección
Con el Pbro. Ernesto María Caro. Compartido por P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 13, 13-25
Pablo y sus compañeros se hicieron a la mar en Pafos y llegaron a Perge de Panfilia. Juan los dejó y se volvió a Jerusalén; ellos, en cambio, continuaron y desde Perge llegaron a Antioquía de Pisidia. El sábado entraron en la sinagoga y tomaron asiento. Acabada la lectura de la Ley y de los Profetas, los jefes de la sinagoga les mandaron a unos que les dijeran:
«Hermanos, si tenéis una palabra de exhortación para el pueblo, hablad».
Pablo se puso en pie y, haciendo seña con la mano de que se callaran, dijo:
«Israelitas y los que teméis a Dios, escuchad: El Dios de este pueblo, Israel, eligió a nuestros padres y multiplicó al pueblo cuando vivían como forasteros en Egipto. Los sacó de allí con brazo poderoso; unos cuarenta años “los cuidó en el desierto”, “aniquiló siete naciones en la tierra de Canaán y les dio en herencia” su territorio; todo ello en el espacio de unos cuatrocientos cincuenta años. Luego les dio jueces hasta el profeta Samuel. Después pidieron un rey, y Dios les dio a Saúl, hijo de Quis, de la tribu de Benjamín, durante cuarenta años. Lo depuso y les suscitó como rey a David, en favor del cual dio testimonio, diciendo: “Encontré a David”, hijo de Jesé, “hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos”.
Según lo prometido, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús. Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión antes de que llegara Jesús; y, cuando Juan estaba para concluir el curso de su vida, decía: “Yo no soy quien pensáis, pero, mirad, viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias de los pies”».
Palabra de Dios
Te alabamos Señor
Reflexión de la Primera Lectura
En este pasaje vemos lo importante que es tener un conocimiento profundo de las Sagradas Escrituras, pues éstas son el fundamento de nuestra predicación y de nuestro testimonio para los demás.
Quizás uno de los motivos por los que no hemos logrado establecer en nuestro medio una cultura profundamente cristiana, es el hecho de que pocos cristianos realmente conocen la Sagrada Escritura. Esto hace que no haya un punto de referencia adecuado que haga prevalecer en un determinado momento los valores cristianos, e incluso que nuestro testimonio o nuestro diálogo con aquellos que no comparten nuestra fe, no encuentren un sólido fundamento.
Dediquemos todos los días al menos quince minutos para conocer la Sagrada Escritura, es decir, para conocer a Dios y su proyecto de amor para nosotros.
Salmo 88, 2-3. 21-22. 25. 27
R/. Cantaré eternamente tus misericordias, Señor.
Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dijieste: «La misericordia es un edificio eterno»,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R/.
Encontré a David, mi siervo,
y lo he ungido con óleo sagrado;
para que mi mano esté siempre con él
y mi brazo lo haga valeroso. R/.
Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán,
por mi nombre crecerá su poder.
Él me invocará: «Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora». R/.
Lectura del Santo Evangelio según San Juan 13, 16-20
En aquel tiempo, después de lavarles los pies a sus discípulos, Jesús les dijo:
«Yo les aseguro: el sirviente no es más importante que su amo, ni el enviado es mayor que quien lo envía. Si entienden esto y lo ponen en práctica, serán dichosos.
No lo digo por todos ustedes, porque yo sé a quiénes he escogido. Pero esto es para que se cumpla el pasaje de la Escritura, que dice: El que comparte mi pan me ha traicionado. Les digo esto ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, crean que Yo Soy.
Yo les aseguro: el que recibe al que yo envío, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me ha enviado».
Palabra del Señor
Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús
Reflexión del Evangelio
El seguimiento de Jesús implica, como lo hemos visto, poner en práctica su palabra. En este pasaje, Jesús acaba de darles la mayor muestra de humildad y de servicio lavando los pies a sus discípulos.
La invitación es a entender el signo y a ponerlo en práctica. Se trata de entender que la verdadera felicidad se encuentra en el servicio a los demás, y en la humildad; en no pensar que uno es mayor que los otros a pesar de nuestro puesto, sea en la casa, en la oficina, en el gobierno.
Hemos sido llamados a imitar a Jesús, que siendo Dios no retiene para sí ese título, y se hace uno de nosotros; que siendo el Señor, se hace siervo; que siendo maestro, se hace discípulo del Padre. Si entendemos esto y lo ponemos en práctica seremos dichosos.
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.
Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, María y José.
Hoy Jueves Sacerdotal y Eucarístico, Jesús, te espera en el Santísimo Sacramento del Altar.
