Imagen: Fachada del edificio A del Terminal Terrestre Sur de Ambato.
AMBATO NO PUEDE SEGUIR VIAJANDO AL PASADO
Terminal Sur: la infraestructura que puede ordenar la movilidad, descongestionar El Terremoto y transformar la puerta de entrada turística de la ciudad.
Ingahurco tiene una función local indispensable. El verdadero desafío es consolidar el Terminal Sur como nodo del transporte interprovincial y trasladar progresivamente hacia allí los servicios, comercios y actividades que hoy generan presión sobre la avenida Bolivariana y el sector El Terremoto.
Por: Ivonne Espinosa de Chóez – Directora de Theios Parrhesía de IJ Alliance
Periodista Profesional
AMBATO, TUNGURAHUA. — Ambato quiere ser una ciudad moderna.
Quiere atraer turistas.
Quiere fortalecer su economía.
Quiere mejorar su movilidad.
Quiere ser una ciudad limpia, ordenada, segura y atractiva para quienes viven en ella y para quienes llegan desde otras provincias y países.
Pero existe una contradicción que merece ser examinada con serenidad y firmeza:
Ambato dispone desde hace varios años de un moderno y vanguardista Terminal Terrestre Sur, con amplios espacios para pasajeros, buses, parqueaderos, encomiendas, comercio, alimentación y servicios; sin embargo, buena parte de la actividad relacionada con el transporte continúa desarrollándose en sectores que no fueron concebidos para soportar semejante concentración.
El Terminal Sur: ubicado donde Ambato necesita que esté su puerta de entrada y salida hacia el país
En la parroquia Huachi Grande, al sur de Ambato, junto al Paso Lateral y en el entorno de la calle Juan Agustín Guerrero, se levanta una infraestructura concebida para responder a la nueva realidad de movilidad de una ciudad que dejó de ser aquella pequeña urbe de décadas atrás y se convirtió en un punto estratégico de conexión entre el norte, el sur y las diferentes regiones del Ecuador. Su ubicación no es casual: el Terminal Terrestre Sur se encuentra vinculado directamente con el Paso Lateral, corredor fundamental para el tránsito de quienes ingresan y salen de Ambato sin necesidad de atravesar el centro urbano, y conectado mediante la red vial del sur con los principales ejes que permiten continuar hacia otras provincias. La propia planificación del proyecto destacó precisamente esta condición estratégica y la vinculación del terminal con el Paso Lateral y las vías que articulan los desplazamientos norte-sur. Es, en esencia, el lugar donde una ciudad moderna debería concentrar buena parte de su transporte interprovincial: en un punto periférico, conectado con los grandes corredores viales, donde los buses puedan llegar, recoger y dejar pasajeros, recibir encomiendas y continuar su recorrido sin tener que convertir las calles interiores de Ambato en extensiones improvisadas de una terminal terrestre. Mientras Ingahurco mantiene una función estratégica para la movilidad local, el Terminal Sur fue concebido para ser la gran puerta interprovincial de Ambato; una puerta que conecta a la ciudad con el resto del país y que, bien utilizada, puede convertirse además en el primer rostro de Ambato que conozca quien llega desde otras provincias.
“El problema, entonces, no es que Ambato no tenga una terminal moderna; el problema es que todavía no hemos aprendido a utilizarla como la ciudad que somos.”
El caso más evidente es el sector conocido como El Terremoto, alrededor de la avenida Bolivariana y su conexión con los corredores que permiten atravesar Ambato sin ingresar al corazón de la ciudad.
Allí convergen pasajeros, buses interprovinciales, cooperativas intercantonales, oficinas de venta de pasajes, empresas de encomiendas, taxis, vehículos particulares, peatones y vehículos pesados.
El resultado es una escena que los residentes conocen demasiado bien:
congestión, vehículos estacionados o detenidos en lugares inadecuados, maniobras peligrosas, peatones atravesando vías de alta circulación con niños y equipaje, conflictos entre conductores y una presión permanente sobre quienes viven o trabajan en el sector.
La paradoja es que, mientras esta situación persiste, existe una infraestructura pública creada precisamente para organizar buena parte de ese movimiento:
El Terminal Terrestre Sur.
La discusión, por tanto, ya no debería ser solamente dónde quiere viajar el ciudadano.
Debe ser:
¿Cómo consigue Ambato que su sistema de movilidad responda a la ciudad que es hoy y no a la ciudad que fue hace cuatro o cinco décadas?
Ingahurco no es el problema
Antes de hablar de modernización, es necesario aclarar algo fundamental.
Ingahurco no debe ser presentado como enemigo del Terminal Sur.
Tampoco sería correcto pretender que desaparezca.
La realidad actual es que Ingahurco cumple una función importante para Ambato: sirve como espacio de movilidad interparroquial e intercantonal, conectando a la población urbana con sectores como Pinllo, Quisapincha, Ambatillo y otras parroquias, además de destinos cantonales cercanos.
Existen ciudadanos que viven fuera de Ambato, trabajan o estudian en la ciudad y necesitan regresar diariamente a sus comunidades.
Para ellos, disponer de un punto de transferencia cercano al centro es una necesidad real.
Por eso, la solución no consiste en eliminar Ingahurco.
La solución consiste en definir claramente las funciones de cada infraestructura.
Ingahurco
Movilidad interparroquial e intercantonal.
Terminal Sur
Movilidad interprovincial y servicios asociados al transporte de mayor distancia.
Esta diferenciación permitiría preservar una función social indispensable de Ingahurco y, al mismo tiempo, utilizar plenamente la infraestructura construida al sur de la ciudad.
Una ciudad que creció mucho más que su antiguo terminal
Durante décadas, Ingahurco fue uno de los principales puntos de referencia de la movilidad ambateña.
Era lógico.
La ciudad tenía otra dimensión.
El parque automotor era menor.
El volumen de pasajeros era diferente.
Las vías tenían otra capacidad.
El crecimiento urbano no había alcanzado las dimensiones actuales.
Pero las ciudades evolucionan.
Ambato creció.
Aumentaron los vehículos.
Aumentó la población.
Aumentó la actividad comercial.
Aumentó la conexión con otras provincias.
Aumentó el transporte pesado.
Y Ambato se convirtió en un punto estratégico de conexión entre diferentes regiones del Ecuador.
Por eso, una infraestructura concebida para una ciudad de hace varias décadas no puede cargar indefinidamente con las necesidades de una ciudad que ya cambió.
El problema no es Ingahurco.
El problema es pretender que una sola lógica de movilidad puede mantenerse intacta cuando la ciudad ya es otra.
El Paso Lateral y una lógica que Ambato debe recuperar
El Paso Lateral de Ambato responde a una lógica fundamental de planificación:
permitir que el tránsito que simplemente atraviesa la ciudad pueda continuar su recorrido sin ingresar innecesariamente al área urbana.
Ese principio es utilizado en numerosas ciudades.
Los llamados bypass, circunvalaciones, pasos laterales y corredores periféricos cumplen precisamente esa función:
separar el tránsito de paso del tránsito cuyo destino es la ciudad.
Un vehículo que se dirige hacia otra provincia no necesariamente necesita entrar al centro urbano.
Un vehículo pesado que transporta mercancías puede atravesar el territorio sin atravesar las zonas más congestionadas.
Un bus interprovincial que conecta dos ciudades puede utilizar un corredor estratégico sin convertir las calles urbanas en una sucesión de puntos de embarque.
Ese es el sentido de una infraestructura de paso.
Pero existe una contradicción cuando, alrededor de ese corredor, se concentra progresivamente una actividad de transporte que exige detener buses, recoger pasajeros, recibir encomiendas, vender boletos y permitir el estacionamiento de vehículos.
La infraestructura creada para evitar la congestión termina rodeada de actividades que pueden producir congestión.
El fenómeno de El Terremoto: de una actividad aislada a una concentración
Las ciudades suelen desarrollar determinados usos de manera progresiva.
Primero llega una persona.
Después otra.
Una oficina descubre que existe demanda.
Luego aparece otra.
Un bus comienza a recoger pasajeros.
Otros observan que allí hay usuarios.
Llegan más vehículos.
Aparecen servicios de encomiendas.
Los pasajeros comienzan a acudir.
El comercio se concentra.
Y, con el tiempo, aquello que comenzó como una actividad aislada se transforma en un verdadero polo de movilidad.
Esto es lo que debe investigarse en El Terremoto.
Porque la repetición de una actividad durante años no significa automáticamente que esa actividad tenga autorización permanente para desarrollarse en cualquier lugar.
La costumbre no reemplaza un permiso.
La demanda no reemplaza un título habilitante.
La repetición no convierte una vía en terminal.
Y la existencia de una oficina comercial tampoco significa necesariamente que el espacio exterior esté autorizado como lugar de embarque y desembarque.
La cuestión jurídica
La Ley Orgánica de Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial establece que las terminales terrestres y estaciones de transferencia están destinadas a centralizar en un solo lugar el embarque y desembarque de pasajeros y carga en condiciones de seguridad.
La legislación también establece reglas respecto de las paradas autorizadas y de los vehículos de transporte público que cuentan con títulos habilitantes.
Esto es esencial para la investigación.
Porque la pregunta no debe ser:
«¿Dónde prefiere tomar el bus la gente?»
Debe ser:
«¿Dónde está legalmente autorizado que esa operadora embarque y desembarque pasajeros?»
Y posteriormente:
«¿Qué actividades están autorizadas en El Terremoto y cuáles se han consolidado simplemente por costumbre?»
La diferencia es enorme.
La autoridad puede ordenar, pero debe hacerlo conforme a la ley
El Municipio no puede actuar arbitrariamente.
Tampoco debería hacerlo.
Una reorganización de esta magnitud necesita respetar:
- Constitución;
- leyes nacionales;
- reglamentos;
- ordenanzas municipales;
- títulos habilitantes;
- permisos;
- derechos de los operadores;
- derechos de los comerciantes;
- debido proceso;
- planificación urbana;
- seguridad vial.
Pero eso tampoco significa que una actividad pueda permanecer indefinidamente en un lugar simplemente porque «siempre se ha hecho así».
Los gobiernos municipales tienen competencias de planificación, regulación y control del tránsito, transporte terrestre y seguridad vial dentro de su ámbito.
Ambato, además, cuenta con normativa específica para regular tanto el Terminal Terrestre Sur como la Central de Transferencia Ingahurco.
Por ello, la discusión jurídica debe ser seria:
¿Qué actividades están autorizadas en El Terremoto?
¿Qué actividades contradicen la función vial del sector?
¿Qué paradas constan en los títulos habilitantes de las cooperativas?
¿Qué procedimiento debe seguirse para trasladar las actividades no compatibles?
¿Qué alternativas pueden ofrecerse a los operadores y comerciantes?
Estas son preguntas que pueden y deben ser respondidas documentalmente.
El caso de las cooperativas intercantonales
Existe otro aspecto que merece especial atención.
En el entorno del redondel de El Terremoto hasta el mercado mayorista se observa actividad de cooperativas que conectan Ambato con cantones del sur de Tungurahua, entre ellos:
Pelileo, Patate, Quero, Cevallos y Mocha.
No todas necesariamente deben ser trasladadas de manera automática.
Cada ruta debe ser estudiada individualmente.
Pero sí cabe formular una pregunta legítima:
¿Podrían determinadas rutas intercantonales del sur integrarse al Terminal Sur para disminuir la presión sobre la avenida Bolivariana?
Si técnicamente fuera viable, el beneficio podría ser significativo.
Menos buses detenidos.
Menos vehículos particulares buscando pasajeros.
Menos peatones cruzando entre vehículos.
Menos conflictos por pasajeros.
Menos estacionamiento irregular.
Mayor fluidez.
Y un sistema más sencillo para el ciudadano.
Cuando el transporte se convierte en una batalla por pasajeros
Los registros audiovisuales que forman parte de esta investigación pueden aportar evidencia particularmente importante.
En ellos puede observarse, según corresponda al material documental, cómo determinados vehículos compiten por pasajeros, cómo se producen estacionamientos en doble columna y cómo el movimiento de buses puede dificultar la circulación.
Este material debe analizarse con responsabilidad.
No se trata de señalar públicamente a conductores determinados ni de acusar a una cooperativa sin pruebas.
Se trata de mostrar una realidad:
cuando demasiadas actividades compiten por un espacio que no fue diseñado para concentrarlas, aumenta la posibilidad de conflicto.
Y cuando el conflicto ocurre en una vía de alta circulación, el riesgo deja de ser solamente comercial.
Se convierte en un problema de seguridad vial.
El peatón: el eslabón más vulnerable
Hay una imagen que debería estar en el centro del debate.
Una madre.
Un padre.
Un niño.
Una persona adulta mayor.
Un viajero cargando una maleta.
Todos intentando cruzar una vía donde circulan vehículos pesados y buses.
El pasajero no debería tener que convertirse en un obstáculo dentro de la vía para poder acceder al transporte.
Una terminal moderna permite algo fundamental:
separar al pasajero del tráfico.
El ciudadano espera dentro de un espacio diseñado para pasajeros.
El bus realiza su maniobra en un espacio diseñado para buses.
El vehículo particular puede utilizar estacionamientos.
El taxi tiene zonas determinadas.
El comercio tiene locales.
Las encomiendas tienen espacios específicos.
Eso no es un lujo.
Es planificación.
El Terminal Sur fue construido para esta nueva realidad
La historia del Terminal Terrestre Sur demuestra que no estamos hablando de una idea improvisada.
En 2016 se gestionó financiamiento para el proyecto.
En septiembre de 2017 se colocó la primera piedra.
La obra fue concebida con amplias áreas de circulación y estacionamiento, andenes, boleterías, servicios comerciales, alimentación y áreas destinadas a actividades complementarias.
Finalmente, el Terminal Terrestre Sur fue inaugurado el 4 de febrero de 2021.
El Banco de Desarrollo del Ecuador informó que otorgó un financiamiento de USD 12,7 millones al GAD Municipal de Ambato para la culminación del proyecto.
La infraestructura incluyó edificio de pasajeros, boleterías, áreas comerciales, patio de comidas, edificio de encomiendas, dormitorios para conductores, mantenimiento, infraestructura vial interna y sistemas de monitoreo y seguridad.
La documentación municipal del proyecto contempló 44 boleterías, 19 locales comerciales y 10 locales para expendio de alimentos, además de importantes áreas abiertas y de circulación.
No se construyó simplemente un edificio.
Se construyó un sistema.
Una inversión pública necesita convertirse en servicio público
Esta afirmación merece especial atención.
Una obra pública no termina cuando se inaugura.
Comienza realmente cuando cumple la función para la cual fue construida.
El Terminal Sur representa una inversión pública considerable.
Por ello, la pregunta no debe ser únicamente:
«¿Cuánto costó?»
Debe ser:
«¿Está prestando todo el servicio para el cual fue diseñado?»
Si existe capacidad desaprovechada, corresponde buscar soluciones.
Si existen locales vacíos, corresponde buscar actividades.
Si existen horarios insuficientes, corresponde estudiar la demanda.
Si existen ciudadanos que no conocen las rutas, corresponde informar.
Si existen actividades paralelas que generan congestión, corresponde ordenar.
La inversión ya está hecha.
Ahora hay que hacerla funcionar plenamente.
El comercio puede convertirse en parte de la solución
Aquí aparece una oportunidad extraordinaria.
El Terminal Sur tiene locales comerciales.
Tiene espacios para alimentación.
Tiene infraestructura para encomiendas.
Tiene servicios destinados a pasajeros.
Por tanto, no sería necesario plantear una reorganización basada exclusivamente en «sacar» negocios del sector El Terremoto.
La propuesta puede ser mucho más inteligente:
trasladar progresivamente el ecosistema económico asociado al transporte hacia el Terminal Sur.
Restaurantes.
Cafeterías.
Encomiendas.
Venta de pasajes.
Servicios al viajero.
Comercio.
Servicios turísticos.
Artesanías.
Tiendas.
Y otras actividades compatibles.
Del caos a una nueva centralidad económica
Una terminal llena de pasajeros genera actividad económica.
Una terminal con restaurantes genera actividad.
Una terminal con comercios genera actividad.
Una terminal con servicios turísticos genera actividad.
Una terminal con encomiendas genera actividad.
Una terminal abierta durante más horas genera actividad.
Por eso, el Terminal Sur puede dejar de ser visto exclusivamente como un lugar para subir a un bus.
Puede convertirse en:
una nueva centralidad económica del sur de Ambato.
Esto puede beneficiar incluso a quienes actualmente desarrollan sus actividades alrededor del transporte.
No necesariamente se trata de destruir negocios.
Puede tratarse de reubicarlos en un lugar más seguro, ordenado y especializado.
¿Por qué no trasladar los negocios vinculados al transporte?
La pregunta es perfectamente razonable.
Si existe un restaurante en El Terremoto cuya clientela principal son viajeros:
¿por qué no ofrecerle la posibilidad de establecerse en el Terminal Sur?
Si existe una empresa de encomiendas:
¿por qué no estudiar su incorporación al sistema de encomiendas del terminal?
Si existe una cooperativa:
¿por qué no concentrar allí sus servicios de atención y venta de pasajes, cuando legal y técnicamente corresponda?
Si existe un negocio complementario:
¿por qué no facilitarle información sobre los procesos de arrendamiento disponibles?
La lógica cambia completamente.
No sería:
«te quitamos tu negocio».
Sería:
«te ofrecemos trasladar tu actividad al lugar donde queremos concentrar la demanda.»
El pasajero también necesita encontrar todo en un solo lugar
Un ciudadano que viaja busca mucho más que un asiento.
Puede necesitar:
- comida;
- café;
- agua;
- baño;
- encomiendas;
- cajero;
- información;
- estacionamiento;
- taxi;
- transporte urbano;
- conexión turística;
- comercio básico;
- un lugar seguro donde esperar.
Si todo eso está disponible en una sola infraestructura, el ciudadano tiene menos motivos para regresar a un punto desordenado.
Aquí está una de las claves para cambiar la cultura:
no basta con pedirle al ciudadano que cambie de lugar; hay que hacer que el nuevo lugar sea mejor.
El círculo vicioso puede romperse
Actualmente puede existir una dinámica muy sencilla:
El pasajero va donde encuentra el bus.
↓
La cooperativa va donde encuentra al pasajero.
↓
Aparecen más cooperativas.
↓
Aparecen más servicios.
↓
Aumentan los pasajeros.
↓
Aumenta la congestión.
↓
La congestión se normaliza.
↓
La ciudadanía termina diciendo: «Siempre ha sido así».
Este último argumento es el más difícil de combatir.
Porque no es un argumento jurídico.
Es un argumento cultural.
«Siempre lo hemos hecho así»
Durante décadas, muchas prácticas fueron razonables.
Pero el hecho de que hayan funcionado hace 40 o 50 años no significa que sigan siendo adecuadas para una ciudad con las dimensiones actuales.
Esta no es una crítica a los ambateños.
Al contrario.
Es una invitación a reconocer cuánto ha cambiado Ambato.
La ciudad creció.
El parque automotor creció.
El turismo creció.
La economía creció.
La movilidad creció.
Las necesidades crecieron.
Entonces también deben crecer las soluciones.
Modernizar una ciudad significa modernizar también sus hábitos.
Una ciudad turística comienza desde su puerta de entrada
Ambato no puede hablar de turismo únicamente desde sus atractivos.
El turismo empieza antes.
Empieza cuando el visitante llega.
Y la primera experiencia importa.
Un turista puede encontrar después magníficos lugares, gastronomía, cultura y paisajes.
Pero si su llegada estuvo marcada por:
congestión,
desorden,
dificultad para movilizarse,
vehículos estacionados de manera irregular,
peatones expuestos,
falta de información
y confusión,
esa experiencia también forma parte de la memoria que se llevará de la ciudad.
Por eso, el Terminal Sur puede convertirse en algo más que una terminal.
Puede ser:
la puerta de entrada organizada a Ambato.
¿Y si el visitante encontrara allí información turística?
Imaginemos otra experiencia.
El visitante llega.
Encuentra una terminal limpia.
Ordenada.
Segura.
Con señalización.
Con información.
Con restaurantes.
Con cafeterías.
Con conexión urbana.
Con información turística.
Con mapas.
Con lugares para visitar.
Con información de hoteles.
Con gastronomía.
Con artesanías.
Con eventos.
Con información de Tungurahua.
La primera impresión sería completamente diferente.
Y el turismo no se construye solamente con publicidad.
Se construye con experiencias.
Una terminal 24/7 para una ciudad que no duerme
Existe además una discusión necesaria sobre los horarios.
La página oficial de la Unidad de Terminales de Ambato señala actualmente que las operaciones funcionan 24 horas, mientras que el horario administrativo aparece diferenciado.
Esto merece ser aclarado públicamente.
Porque si el Terminal Sur funciona operativamente las 24 horas, la ciudadanía debería poder conocer exactamente:
- qué frecuencias existen durante la noche;
- qué boleterías funcionan;
- qué servicios están disponibles;
- qué personal permanece;
- qué transporte urbano existe;
- qué restaurantes funcionan;
- qué servicios de encomiendas operan;
- qué seguridad existe.
Un verdadero modelo 24/7 no significa solamente mantener un edificio abierto.
Significa ofrecer un servicio integral durante las 24 horas.
¿Por qué no estudiar un verdadero modelo 24/7?
Ambato debería evaluar técnicamente la posibilidad.
No imponerlo sin estudios.
No prometerlo sin demanda.
No hacerlo sin seguridad.
Sino estudiarlo.
Primero:
medir la demanda nocturna.
Después:
implementar pilotos.
Posteriormente:
fortalecer frecuencias y transporte urbano.
Y finalmente:
consolidar una operación integral 24/7 si los resultados demuestran su viabilidad.
Una terminal viva durante toda la jornada puede generar algo fundamental:
confianza.
Y donde existe confianza, también puede crecer el comercio.
Una oportunidad para los comerciantes
La Unidad de Terminales administra espacios comerciales y ha desarrollado procesos de arrendamiento de locales.
Esto significa que existe una infraestructura que puede recibir nuevas actividades económicas.
La ciudad podría estudiar un:
Plan de transición comercial Terremoto-Terminal Sur
El programa podría comenzar con un catastro.
¿Quiénes trabajan actualmente en El Terremoto?
¿Qué actividad realizan?
¿Qué permisos poseen?
¿Qué relación tienen con el transporte?
¿Qué servicios ofrecen?
¿Cuáles podrían instalarse en el Terminal Sur?
Después:
información,
diálogo,
alternativas,
procesos transparentes de arrendamiento
y plazos de transición.
No todos los negocios deben ser iguales
La terminal podría organizarse por categorías.
Transporte
Oficinas y atención al usuario de las cooperativas.
Encomiendas
Servicios especializados.
Gastronomía
Restaurantes, cafeterías y alimentos.
Comercio
Tiendas y servicios básicos.
Turismo
Información, agencias y productos turísticos.
Servicios
Cajeros, telecomunicaciones y otros servicios compatibles.
Así, el pasajero podría resolver prácticamente todas sus necesidades en un solo lugar.
La economía puede ayudar a cambiar la cultura
Esta puede ser una de las conclusiones más importantes.
Las personas cambian sus hábitos cuando una alternativa es mejor.
Si el ciudadano sabe que en el Terminal Sur encontrará:
su cooperativa,
su restaurante,
su encomienda,
su estacionamiento,
su taxi,
su transporte urbano
y su seguridad,
el cambio será mucho más sencillo.
Entonces no tendrá que pensar:
«Me están obligando a ir al sur.»
Pensará:
«Aquí encuentro todo lo que necesito.»
Ese es el cambio cultural que Ambato necesita.
El beneficio no es solamente para quienes viajan
Si el Terminal Sur logra absorber el transporte interprovincial y determinadas rutas intercantonales compatibles, el beneficio alcanza a toda la ciudad.
Beneficia al residente de El Terremoto
Porque disminuye la presión vehicular.
Beneficia al conductor
Porque encuentra un sistema más ordenado.
Beneficia al pasajero
Porque viaja en condiciones más seguras.
Beneficia al comerciante
Porque tiene una nueva centralidad de clientes.
Beneficia al Municipio
Porque aprovecha mejor la infraestructura existente.
Beneficia al turismo
Porque mejora la experiencia de llegada.
Beneficia a Ambato
Porque recupera la función de sus vías.
La modernización no significa perder la identidad
Existe un temor comprensible cuando una ciudad cambia.
«Vamos a perder nuestras costumbres.»
Pero modernizar la movilidad no significa abandonar la identidad.
Ambato seguirá teniendo:
sus fiestas,
sus mercados,
su gastronomía,
sus tradiciones,
sus parroquias,
sus barrios,
su historia
y su gente.
Lo que cambia es la manera de organizar la movilidad.
La tradición puede conservarse.
El desorden no necesita convertirse en tradición.
Una propuesta jurídica y administrativa responsable
Si Ambato decide avanzar en esta dirección, el proceso debería ser ordenado.
Primera Fase: Catastro
Identificar todas las actividades de transporte y comercio existentes en El Terremoto.
Segunda Fase: Auditoría jurídica
Determinar qué está autorizado y bajo qué instrumento.
Tercera Fase: Estudio de movilidad
Medir vehículos, pasajeros, peatones, tiempos de congestión y puntos de conflicto.
Cuarta Fase: Plan de transición
Definir qué actividades pueden trasladarse al Terminal Sur.
Quinta Fase: Alternativa económica
Ofrecer procesos transparentes para que los comerciantes puedan acceder a locales disponibles.
Sexta Fase: Información
Comunicar a la ciudadanía el nuevo sistema.
Séptima Fase: Control
Aplicar progresivamente las normas respecto de los puntos de embarque y desembarque no autorizados.
Octava Fase: Evaluación
Medir resultados.
¿Bajó la congestión?
¿Bajaron los siniestros?
¿Aumentó el uso del Terminal Sur?
¿Mejoró la circulación?
¿Aumentó el comercio?
¿Mejoró la experiencia del visitante?
La pregunta que debe responder Ambato
No:
«¿Por qué la gente no quiere ir al Terminal Sur?»
Sino:
«¿Qué necesitamos hacer para que la gente quiera ir al Terminal Sur?»
Y la respuesta probablemente no sea una sola.
Necesitamos:
frecuencias,
transporte urbano,
seguridad,
información,
comercio,
encomiendas,
restaurantes,
horarios,
control
y confianza.
Una vía rápida debe volver a ser una vía rápida
El Terremoto merece una atención particular porque la descongestión de este sector no beneficiaría únicamente al transporte interprovincial.
Beneficiaría a todos.
Al transporte pesado.
A los vehículos particulares.
A los residentes.
A los trabajadores.
A los buses urbanos.
A quienes atraviesan Ambato sin detenerse.
Y a quienes necesitan ingresar o salir de la ciudad.
Recuperar la función vial del sector significa devolverle fluidez a uno de los corredores estratégicos de Ambato.
Y existe un beneficio ambiental
Menos vehículos detenidos significa potencialmente menos tiempo de circulación en condiciones de congestión.
Menos maniobras.
Menos ralentización.
Menos vueltas innecesarias.
Menos vehículos buscando dónde detenerse.
La movilidad ordenada también forma parte de una ciudad ambientalmente responsable.
El bien común también se construye en las calles
Desde una perspectiva cristiana, este debate puede ser entendido desde un principio sencillo:
el espacio público es un bien común.
La calle pertenece a todos.
La seguridad pertenece a todos.
La movilidad pertenece a todos.
La tranquilidad de los vecinos pertenece a todos.
La dignidad del pasajero pertenece a todos.
La actividad económica pertenece a todos cuando se desarrolla legítimamente.
Y los recursos públicos deben utilizarse buscando el mayor beneficio posible para la comunidad.
Por eso, promover una ciudad ordenada no significa actuar contra el ciudadano.
Significa proteger al ciudadano.
Ordenar no significa perseguir.
Modernizar no significa destruir la tradición.
Cambiar una costumbre no significa despreciar a quienes la practicaron durante décadas.
Significa reconocer que las necesidades cambiaron.
Una ciudad moderna debe pensar en los próximos 50 años
Ambato debe hacerse una pregunta:
¿Estamos planificando la ciudad para el pasado o para el futuro?
Si hoy ya existe congestión, ¿qué sucederá cuando aumente el número de vehículos?
Si hoy ya existen dificultades para movilizarse, ¿qué ocurrirá cuando aumente el turismo?
Si hoy una vía ya soporta actividades incompatibles con su función, ¿qué sucederá cuando aumente el transporte?
Las ciudades responsables no esperan a que el problema sea inmanejable.
Planifican antes.
El Terminal Sur como puerta de entrada turística
Existe una visión todavía más ambiciosa.
¿Por qué no convertir al Terminal Sur en una auténtica puerta de entrada turística de Ambato?
El visitante podría encontrar:
información turística de Ambato y Tungurahua;
mapas;
hoteles;
restaurantes;
atractivos;
rutas;
eventos;
artesanías;
productos locales;
transporte;
información cultural.
La primera impresión de Ambato podría pasar de:
«¿Qué está ocurriendo aquí?»
a:
«Qué ciudad tan organizada.»
Y esa impresión tiene valor económico.
Porque un turista satisfecho recomienda.
Un visitante cómodo permanece.
Un visitante que encuentra lo que necesita consume.
Y un visitante que tiene una buena experiencia tiene más posibilidades de regresar.
Ambato tiene una oportunidad que no puede desperdiciar
El Terminal Sur ya existe.
La infraestructura ya está construida.
Los espacios existen.
Los parqueaderos existen.
Los andenes existen.
Los locales existen.
Las áreas comerciales existen.
El edificio de encomiendas existe.
La institucionalidad existe.
Las normas existen.
La necesidad existe.
Lo que falta es consolidar el sistema.
No se trata de trasladar personas. Se trata de trasladar un sistema.
Esta debería ser la filosofía de todo el proceso.
No trasladar únicamente buses.
Trasladar también:
servicios,
comercio,
encomiendas,
venta de pasajes,
restaurantes,
atención al pasajero,
información turística
y actividad económica compatible.
Porque si únicamente se trasladan los buses y se dejan todos los servicios alrededor de El Terremoto, el problema puede reaparecer.
Pero si se traslada progresivamente el ecosistema completo, la dinámica urbana puede transformarse.
Una propuesta para una Ambato más moderna
La solución podría resumirse en seis grandes decisiones:
1. Ingahurco
Consolidarlo como espacio de movilidad interparroquial e intercantonal.
2. Terminal Sur
Consolidarlo como nodo interprovincial.
3. El Terremoto
Recuperar progresivamente su función vial y reducir las actividades de transporte incompatibles con el corredor.
4. Comercio
Facilitar la transición de negocios compatibles hacia los espacios comerciales del Terminal Sur.
5. 24/7
Estudiar y, si resulta viable, implementar una operación integral durante las 24 horas.
6. Turismo
Convertir el Terminal Sur en una verdadera puerta de entrada a Ambato y Tungurahua.
El futuro no puede construirse desde la nostalgia
Ingahurco forma parte de la memoria de Ambato.
El Terremoto forma parte de la realidad cotidiana de miles de personas.
Pero el futuro de la ciudad no puede construirse solamente desde la nostalgia.
Una ciudad que quiere ser moderna debe aceptar que los tiempos cambian.
La infraestructura cambia.
La población cambia.
El transporte cambia.
El turismo cambia.
Y los hábitos también deben cambiar.
No porque lo ordene una autoridad.
Sino porque la realidad lo exige.
Conclusión
Ambato no tiene un problema porque tenga demasiadas vías.
Tiene un problema cuando las funciones de sus vías y de sus infraestructuras no están suficientemente coordinadas.
No tiene un problema porque tenga Ingahurco.
Tiene una oportunidad de conservarlo para aquello que mejor puede servir: la movilidad interparroquial e intercantonal.
No tiene un problema porque existan comerciantes.
Tiene una oportunidad de integrarlos en una nueva centralidad económica.
No tiene un problema porque existan cooperativas.
Tiene una oportunidad de incorporarlas a un sistema ordenado.
Y no tiene un problema porque haya construido el Terminal Sur.
Tiene una oportunidad porque ya lo construyó.
Ahora debe hacerlo funcionar plenamente.
El verdadero desafío de Ambato no es elegir entre pasado y presente.
Es aprender a utilizar el presente para construir el futuro.
Porque una ciudad moderna no es aquella que destruye su historia.
Es aquella que aprende de ella.
Una ciudad moderna no abandona sus tradiciones.
Las conserva donde corresponden.
Una ciudad moderna no expulsa a sus comerciantes.
Busca integrarlos a nuevas oportunidades.
Una ciudad moderna no combate al ciudadano.
Le ofrece mejores alternativas.
Y una ciudad moderna no utiliza una vía rápida como una terminal improvisada cuando dispone de una infraestructura especializada.
Ambato puede hacer algo mucho más grande.
Puede convertir el orden en una ventaja competitiva.
Puede convertir el Terminal Sur en una centralidad de transporte, comercio y turismo.
Puede descongestionar El Terremoto.
Puede recuperar la fluidez de la avenida Bolivariana.
Puede proteger al peatón.
Puede mejorar la experiencia del visitante.
Puede generar oportunidades económicas.
Puede aprovechar mejor una inversión pública.
Y puede demostrar que modernizar una ciudad no significa solamente construir.
Significa aprender a vivir de acuerdo con lo que se ha construido.
La pregunta, entonces, no debería ser:
«¿Por qué los ambateños no quieren utilizar el Terminal Sur?»
La pregunta que Ambato debe hacerse es mucho más profunda:
¿Qué debemos hacer para que el ciudadano descubra que viajar desde el Terminal Sur es mejor para él y mejor para toda la ciudad?
Y quizá la respuesta esté justamente frente a nosotros:
orden, seguridad, limpieza, comodidad, comercio, transporte, información y servicio.
Todo en un mismo lugar.
Porque el progreso no consiste únicamente en tener una ciudad moderna.
Consiste en aprender a comportarnos como la ciudad moderna que queremos ser.