Santa Misa y Liturgia de la Palabra de hoy Viernes de la XXVI Semana del Tiempo Ordinario 03102025

Santa Misa presidida por el Presbítero José Arturo López Cornejo, desde el Pueblo de Topiltepec, estado de Guerrero, México.

 

 

Liturgia de la Palabra del Viernes de la XXVI Semana del Tiempo Ordinario.

 

Con el Pbro. Ernesto María Caro. Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»

 

Lectura del libro de Baruc 1, 15-22.

 

Confesamos que el Señor, nuestro Dios, es justo, y a nosotros nos abruma hoy la vergüenza: a los judíos y vecinos de Jerusalén, a nuestros reyes y gobernantes, a nuestros sacerdotes y profetas y a nuestros padres; porque pecamos contra el Señor no haciéndole caso, desobedecimos al Señor, nuestro Dios, no siguiendo los mandatos que el Señor nos había dado. Desde el día en que el Señor sacó a nuestros padres de Egipto hasta hoy, no hemos hecho caso al Señor, nuestro Dios, hemos rehusado obedecerle. Por eso, nos persiguen ahora las desgracias y la maldición con que el Señor conminó a Moisés, su siervo, cuando sacó a nuestros padres de Egipto para darnos una tierra que mana leche y miel. No obedecimos al Señor, nuestro Dios, que nos hablaba por medio de sus enviados, los profetas; todos seguimos nuestros malos deseos, sirviendo a dioses ajenos y haciendo lo que el Señor, nuestro Dios, reprueba.

Palabra de Dios. 

Te alabamos Señor.

 

Reflexión de la Primera Lectura

 

Una de las gracias que tenemos que pedir con insistencia, es la humildad de reconocer que, a pesar de nuestros esfuerzos por ser mejores, aún estamos lejos de alcanzar la plenitud a la que Dios nos ha llamado. Continuamos siendo débiles pecadores, frágiles ante las tentaciones, frecuentemente seducidos por las luces y el oropel del mundo que nos lleva a cambiar al Dios verdadero por los nuevos ídolos (dinero, diversiones, placer). La lectura de hoy nos recuerda que sólo el que reconoce su debilidad puede pedir a Dios la fuerza para superarla; quien se siente perfecto vivirá siempre en la oscuridad de su pecado. Y esto no quiere decir que nos encontremos peor que cuando conocimos a Jesús, sino que nos hace darnos cuenta que aún nos falta mucho; que si ciertamente hemos superado muchas de nuestras debilidades, son todavía muchas más las que continúan estorbando en nuestro camino de santidad. Revisa tu corazón y tu vida y deja que la luz de Dios ilumine tu interior, y no permitas que el orgullo y la soberbia te impidan crecer en humildad y en gracia.

 

Salmo 78, 1-5. 8.9

 

R/. Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre

 

Dios mío, los gentiles han entrado en tu heredad,
han profanado tu santo templo,
han reducido Jerusalén a ruinas.
Echaron los cadáveres de tus siervos en pasto a las aves del cielo,
y la carne de tus fieles a las fieras de la tierra. R/.

Derramaron su sangre como agua
en torno a Jerusalén, y nadie la enterraba.
Fuimos el escarnio de nuestros vecinos,
la irrisión y la burla de los que nos rodean.
¿Hasta cuándo, Señor? ¿Vas a estar siempre enojado?
¿Arderá como fuego tu cólera? R/.

No recuerdes contra nosotros
las culpas de nuestros padres;
que tu compasión nos alcance pronto,
pues estamos agotados. R/.

Socórrenos, Dios, salvador nuestro,
por el honor de tu nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados
a causa de tu nombre. R/.

 

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 10, 13-16.

 

En aquel tiempo, Jesús dijo: «¡Ay de ti, ciudad de Corozaín! ¡Ay de ti, ciudad de Betsaida! Porque si en las ciudades de Tiro y de Sidón se hubieran realizado los prodigios que se han hecho en ustedes, hace mucho tiempo que hubieran hecho penitencia, cubiertas de sayal y de ceniza. Por eso el día del juicio será menos severo para Tiro y Sidón que para ustedes. Y tú, Cafarnaúm, ¿crees que serás encumbrada hasta el cielo? No. Serás precipitada en el abismo».Luego, Jesús dijo a sus discípulos: «El que los escucha a ustedes, a mí me escucha; el que los rechaza a ustedes, a mí me rechaza y el que me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado».

Palabra de El Señor.

Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús.

 

Reflexión del Evangelio

 

El Evangelio de hoy nos muestra a Jesús haciendo una dura advertencia sobre las consecuencias que puede llegar a tener el rechazo o la indiferencia al mensaje de salvación. Jesús veía que la gente, a pesar de tenerlo junto a ellos y habiendo visto los milagros que hacía, seguía con una actitud de indiferencia y de incredulidad.

Aunque escuchaban sus palabras y se admiraban de lo que hacía, seguían sin entender que era necesario cambiar de dirección para tomar el camino que los llevara a la conversión. Solo unos cuantos, además de sus discípulos, realmente aceptaban de corazón la Buena Nueva, aunque seguramente no lo entendían bien.

Es algo muy parecido a lo que pasa en nuestros días y que nos puede seguir sucediendo también a nosotros. Para algunos, puede ser un llamado a no acomodarnos en el hecho de que ya lo conocemos, porque vamos a Misa, porque estamos en un grupo parroquial o decimos que ya conocemos la Biblia de principio a fin.

Debemos pensar primero que hoy no es Jesús quien predica por la calle y hace milagros, somos precisamente nosotros, los responsables de anunciar la Buena Nueva y demostrar con nuestra vida que Él vive. Muchos no han recibido el mensaje porque nadie se los ha predicado. No nos damos cuenta que el mensaje lo tenemos que dar nosotros.

Nuestro deber como cristianos evangelizados es ser testigos de lo que hemos visto y lo que Dios ha hecho en nosotros. Comunicarlo a quienes no lo conocen. Quizá no todos lo van a ver o no todos lo van a aceptar, pero eso no debe ser un obstáculo para dejarlo de hacer. Nuestro deber también es advertir, señalar y corregir, pero con amor, a aquellos que se han desviado del camino o que no tienen ni siquiera conciencia de pecado y actúan sin saber que, en ocasiones, lo que hacen ofende a Dios.

El gran problema de los católicos es que la mayoría no conoce su fe. Nos decimos católicos porque nuestros padres nos llevaron a bautizar y, en el mejor de los casos, vivimos una fe heredada, pero no la conocemos. Vivimos muchas situaciones en pecado sin darnos cuenta, así es que tenemos una responsabilidad muy grande.

Jesús termina diciendo a sus discípulos: ‘El que los escucha a ustedes, a mí me escucha; el que los rechaza ustedes, a mí me rechaza’. No te desanimes o te enojes si te rechazan; debemos saber que aunque eso suceda, nuestro trabajo no será en vano y es parte del plan de Dios. Somos un instrumento, el resultado depende de Dios. A nosotros nos toca ser portadores de la buena noticia del Evangelio, de lo que Dios ha hecho en nuestras vidas.

Prepárate, da un buen testimonio para que los demás conozcan a Jesús, asegúrate de estar respondiendo con tu vida a la Palabra de Dios y a los milagros que Él ha hecho en ti. Vive una constante vida de conversión, haciendo todos los días un adecuado examen de conciencia, pidiendo a Dios que te ayude a ver lo que debes corregir y mejorar en tu vida, buscando diariamente vivir en santidad.

Esta reflexión del Evangelio fue escrita por: Juan Lara, miembro de Vivir en Cristo. En colaboración con Evangelización Activa.

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.
Bendiciones para ti y toda tu familia.

Que tengas un excelente día con Jesús, José y María.

 

 

Conozcamos al santo de hoy, San Francisco de Borja, con ROME Reports

 

 

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