Solemnidad de La Asunción de María Santísima – Santa Misa y Liturgia de la Palabra de hoy Viernes de la XIX Semana del Tiempo Ordinario 15082025

Imagen de la Solemnidad de La Asunción de María, ACI Prensa

 

Santa Misa presidida por el Presbítero José Arturo López Cornejo, desde el Pueblo de Pochauixco, estado de Guerrero, México.

 

 

 

Liturgia de la Palabra de la Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María.

 

Con el Pbro. Ernesto María Caro. Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»

 

Lectura del libro del Apocalipsis 11, 19a; 12, 1. 3-6a. 10ab.

 

Se abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario apareció el arca de su alianza. Después apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas. Apareció otra señal en el cielo: Un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas. Con la cola barrió del cielo un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra. El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar a luz, dispuesto a tragarse el niño en cuanto naciera. Dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios. La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar reservado por Dios.
Se oyó una gran voz en el cielo: «Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo.»

Palabra de Dios.

Te alabamos Señor.

 

Reflexión de la Primera Lectura

 

Al celebrar hoy la solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen al cielo, la Palabra de Dios nos invita a contemplarla como un gran signo puesto por Dios en el cielo. Este texto, aunque referido originalmente a la Iglesia, ha venido a constituir una de las revelaciones más hermosas de Dios para nosotros, pues nos permite contemplar a María Santísima como el gran modelo a seguir para alcanzar la santidad y la vida perfecta.

Y es que las señales se han puesto para que la gente no se pierda en el camino, como en las carreteras en las que cada signo, cada señal son un instrumento para poder conducir adecuadamente y no tener accidentes. Lo mismo ocurre con María. Ella nos muestra con su vida y con la forma de relacionarse con Dios, cómo debe ser nuestra propia vida. Cuando nosotros revisamos con cuidado los pocos pasajes en los que aparece citada o referida nuestra Madre Santísima, veremos que su vida no fue fácil. Que pasó por grandes tribulaciones, como las nuestras o quizás, en muchos casos, mayores que las nuestras, y sin embargo, en todas ellas salió adelante, pues su confianza estaba puesta completamente en Dios.

Su oración era fervorosa y confiada; su caridad era sin límites, pues para ella eran más importantes sus hermanos y sus semejantes que ella misma. Ella vivió lo que Jesús nos enseña y esto desde antes de que Jesús iniciara su camino de predicación. Si no queremos perdernos en la vida, basta con voltear a ver a María Santísima y ella, que nos lleva en su regazo, nos conducirá por esta vida hasta que lleguemos a los brazos amorosos de Jesús.

 

Salmo 44, 10bc.-12ab.16.

 

R/. De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir

Hijas de reyes salen a tu encuentro,
de pie a tu derecha está la reina,
enjoyada con oro de Ofir. *R/.

Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna;
prendado está el rey de tu belleza:
póstrate ante él, que él es tu señor. R/.

Las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real. R/.

 

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 20-27a.

 

Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza. Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Porque Dios ha sometido todo bajo sus pies.

Palabra de Dios.

Te alabamos Señor.

 

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 1, 39-56.

 

En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea, y entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno.

Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: «¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor».

Entonces dijo María:
«Mi alma glorifica al Señor
y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador,
porque puso sus ojos en la humildad de su esclava.

Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones,
porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede.

Santo es su nombre
y su misericordia llega de generación en generación
a los que lo temen.
Ha hecho sentir el poder de su brazo:
dispersó a los de corazón altanero,
destronó a los potentados
y exaltó a los humildes.
A los hambrientos los colmó de bienes
y a los ricos los despidió sin nada.
Acordándose de su misericordia,
vino en ayuda de Israel, su siervo,
como lo había prometido a nuestros padres,
a Abraham y a su descendencia,
para siempre».

María permaneció con Isabel unos tres meses, y se volvió a su casa.

Palabra de El Señor.

Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús.

 

 

Reflexión del Evangelio

 

Hace dos años, Dios nos regaló la oportunidad de visitar en peregrinación Tierra Santa. Dentro del recorrido, visitamos el barrio de Ain Karem en Jerusalén, donde está la iglesia de la visitación. Está construida en la parte alta de una montaña rocosa.

La tradición menciona que la primera iglesia edificada fue justo sobre la cueva, que sería la casa de Zacarías e Isabel, donde nació Juan el Bautista. Me acuerdo que ese día el autobús nos dejó en un estacionamiento de una zona comercial y caminamos entre algunos comercios y cafecitos, hasta llegar a donde empezaba la calle por donde se subía la iglesia.

La calle estaba empedrada y con unos escalones en medio, porque esa piedra es muy resbalosa cuando hay humedad. Me acuerdo que me tuve que parar cuando menos dos veces a descansar y tomar aire, porque estaba bien pesada la subida.

Por si no lo sabes, déjame te digo que hay 150 kilómetros de distancia entre la casa de María en Nazaret y ese lugar. Según Google Maps, caminando se hacen 34 horas, o sea un día y medio, más menos. Imagínate entonces lo que significa esa visita de María a Isabel. Cuando lo leemos en el Evangelio, parece algo muy sencillo, ¿no?, algo así como que de la misma cuadra o algo por el estilo, pero la realidad es otra.

El ángel le había anunciado que sería la madre de Jesús y ella piensa así como que le dan ganas de ir de visita. Y así, pues, se dispone a ver a Isabel, a ver cómo está, prepara sus cosas y emprende el camino. Además, dice el evangelio que María se encaminó presurosa, llevaba prisa.

¿Te das cuenta lo emocionada que debió haber estado María para tomar una decisión así? La alegría tan inmensa que debió haber sentido en su corazón para tener el impulso de ir a compartir con alguien, con Isabel.

Y no solo eso. Además, con toda la disposición de servirle, sabiendo que también ella estaba en espera de su Hijo. Entonces dice la Palabra que Isabel y Juan quedaron llenos del Espíritu Santo: “Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno”.

La fe de María es capaz de enseñarnos lo maravilloso que es alegrarse en el Señor, creer en sus promesas y no aguantarse las ganas de compartir con los demás y tener una actitud de servicio con quien más lo necesita.

Nosotros debemos ser portadores. También des esta alegría de tener a Jesús en nuestros corazones y dar testimonio de que Dios ha hecho grandes cosas en nosotros.

Busca este día alguien a quien puedas visitar o contactar, para llevarle una palabra de aliento, para llevarle alegría, esperanza y que puedas servirle con una acción concreta. Además, revisa tu vida y reconoce las grandes cosas que ha hecho Dios en ti y alábalo por eso; mantente alegre por el gozo de saber que Jesús habita en tu corazón. Dios actúa en lo simple y en lo humilde para cumplir siempre sus promesas.
Esta reflexión del Evangelio fue escrita por: Juan Lara miembro de Vivir en Cristo

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.

Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, José y María.

 

 

Compartimos la Solemnidad de hoy, La Asunción de la Santísima Virgen María, con el P. José de Jesús Aguilar Valdés desde México.

 

 

Vea y descargue la Hoja dominical de la Arquidiócesis de Guayaquil 17-08-2025

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