Imagen de San Maximiliano Kolbe, el mártir de la caridad, tomado de: Obra de la Unidad.org
Santa Misa presidida por el Presbítero José Arturo López Cornejo, desde el Pueblo de Topiltepec, estado de Guerrero, México.
Liturgia de la Palabra del Jueves de la XIX Semana del Tiempo Ordinario.
Con el Pbro. Ernesto María Caro. Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»
Lectura del libro de Josué 3, 7-10a. 11. 13-17.
En aquellos días, el Señor dijo a Josué: «Hoy empezaré a engrandecerte ante todo Israel, para que vean que estoy contigo como estuve con Moisés. Tú ordena a los sacerdotes portadores del arca de la alianza que cuando lleguen a la orilla se detengan en el Jordán.»
Josué dijo a los israelitas: «Acercaos aquí a escuchar las palabras del Señor, vuestro Dios. Así conoceréis que un Dios vivo está en medio de vosotros, y que va a expulsar ante vosotros a los cananeos. Mirad, el arca de la alianza del Dueño de toda la tierra va a pasar el Jordán delante de vosotros. Y cuando los pies de los sacerdotes que llevan el arca de la alianza del Dueño de toda la tierra pisen el Jordán, la corriente del Jordán se cortará: el agua que viene de arriba se detendrá formando un embalse.»
Cuando la gente levantó el campamento para pasar el Jordán, los sacerdotes que llevaban el arca de la alianza caminaron delante de la gente. Y, al llegar al Jordán, en cuanto mojaron los pies en el agua –el Jordán va hasta los bordes todo el tiempo de la siega–, el agua que venía de arriba se detuvo, creció formando un embalse que llegaba muy lejos, hasta Adam, un pueblo cerca de Sartán, y el agua que bajaba al mar del desierto, al mar Muerto, se cortó del todo. La gente pasó frente a Jericó. Los sacerdotes que llevaban el arca de la alianza del Señor estaban quietos en el cauce seco, firmes en medio del Jordán, mientras Israel iba pasando por el cauce seco, hasta que acabaron de pasar todos.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Reflexión de la Primera Lectura
Somos tan débiles, que necesitamos tener siempre la certeza de que alguien más poderoso que nosotros está siempre listo para ayudarnos. Esta es la base de todas la alianzas humanas: la seguridad. Dios, que nos ha creado, sabe de esta debilidad y por ello ya desde el AT realizó una alianza con su pueblo de manera que el pueblo, teniendo a Dios como aliado, se supiera seguro y viviera en paz.
Sin embargo, aún la debilidad humana, busca no solo saber sino experimentar esta protección, estar convencido de que la presencia y protección del Aliado es una realidad. Por ello vemos cómo, desde Abraham hasta nuestros días, Dios ha manifestado de muchas maneras esta presencia y protección.
Con signos como los que hoy nos relata este pasaje de la Escritura, el pueblo se fue convenciendo de que la presencia de Dios es real y actuante. Si observas con cuidado cada uno de tus días y, en general tu historia, sobre todo en los momentos más difíciles, encontrarás en ellos la presencia del «Dios que Salva», del Dios amor que busca tu paz, tu seguridad y tu felicidad. Responde a este amor con amor y generosidad todos los días de tu vida.
Salmo 113A, 1-6
R/. Aleluya
Cuando Israel salió de Egipto,
los hijos de Jacob de un pueblo balbuciente,
Judá fue su santuario,
Israel fue su dominio. R/.
El mar, al verlos, huyó,
el Jordán se echó atrás;
los montes saltaron como carneros;
las colinas, como corderos. R/.
¿Qué te pasa, mar, que huyes,
a ti, Jordán, que te echas atrás?
¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros;
colinas, que saltáis como corderos? R/.
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 18, 21–19, 1.
En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: «Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?» Jesús le contestó: «No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete».
Entonces Jesús les dijo: «El Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus servidores. El primero que le presentaron le debía muchos millones. Como no tenía con qué pagar, el Señor mandó que lo vendieran a él, a su mujer, a sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la deuda. El servidor, arrojándose a sus pies, le suplicaba, diciendo: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’. El rey tuvo lástima de aquel servidor, lo soltó y hasta le perdonó la deuda.
Pero, apenas había salido aquel servidor, se encontró con uno de sus compañeros, que le debía poco dinero. Entonces lo agarró por el cuello y casi lo estrangulaba, mientras le decía: ‘Págame lo que me debes’. El compañero se le arrodilló y le rogaba: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’. Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le pagara la deuda.
Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación y fueron a contarle al rey lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: ‘Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?’ Y el señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que debía.
Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes si cada cual no perdona de corazón a su hermano».
Cuando Jesús terminó de hablar, salió de Galilea y fue a la región de Judea que queda al otro lado del Jordán.
Palabra de El Señor.
Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús.
Reflexión del Evangelio
Nuevamente, el Evangelio, además de narrar la parábola con la que Cristo enseñaba a sus compañeros, se dirige a ti y a mí. En efecto, somos nosotros a los que el Señor nos ha perdonado una y otra vez todos nuestros egoísmos, idolatrías y pecados, porque todo pecado en el fondo es un idolatría. Y toda decisión que tomamos sin estar en sintonía con Cristo implica desviarnos del camino al cielo. Pero el Señor nos perdona 70 veces siete; nos perdona siempre que nos arrepintamos y le pidamos perdón.
Y como el modelo de todo comportamiento verdaderamente humano es Dios mismo, a través de este pasaje evangélico, Jesús nos deja en claro que no podemos vivir la vida cargando rencores y resentimientos. Y es que, además de la tendencia natural a conservar la herida y recurrir a ella, eventualmente, cada vez que sucede algo parecido, necesitamos reconocer que en estos tiempos históricos está de moda hacerse la víctima.
Y hay muchas pseudo filosofías y corrientes psicológicas que exageran ese punto, que vuelven al trauma y no te hacen sanar, sino que te vuelven experto en echar culpas y acrecentar rencores. Y todos nosotros somos hijos de nuestro tiempo, por lo que tenemos que estar atentos para identificar estas influencias en nuestras relaciones y en nuestro corazón.
Tenemos que perdonar de entrada porque es un mandamiento de Jesucristo y un compromiso que adquirimos; además, cada vez que rezamos el padrenuestro pedimos misericordia al Padre de los cielos. En efecto, el rey te dice hoy a ti: ¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti? De tu compañero o de tu padre o madre, de tu hermano o ex-amigo o del que te ha hecho daño o te ha defraudado, de tu esposo o esposa y de tus hijos ingratos.
Y es que Dios no te pide perdonar porque sea justo o porque el otro se lo merezca, porque el perdón no depende de la virtud o bondad de aquel que lo solicita, sino de la virtud o bondad de aquel que lo da. El perdón es un don que va más allá de lo justo. Pero seamos honestos, ni tú ni yo somos tan virtuosos como para perdonar a todo el que nos ofende.
Pero si tú, como yo, reconoces la ilimitada misericordia que Dios ha tenido contigo cada vez que le regresas la mirada o atención, entonces tu perdón tendrá su origen en el perdón que Dios mismo te ha conferido una y otra vez. Y es que solo partiendo de la conciencia plena de ser perdonado continuamente sin merecerlo, podrás hacer tú lo mismo.
Podrás canalizar el perdón de Dios o dicho de otra forma, podrás perdonar con el perdón de Dios. Busca en tu corazón, identifica a aquellas personas a las que les guardas rencor. Haz memoria de la misericordia que has recibido de parte de Dios y haz tú lo mismo con quienes te han ofendido.
Esta reflexión del Evangelio fue escrita por: P. Luis Alberto Tirado Becerril misionero del Espíritu Santo
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.
Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, José y María.
Hoy Jueves Sacerdotal y Eucarístico, Jesús te espera en el Santísimo Sacramento del Altar.
Evangelio del día con el P. Martín Ávalos desde la ciudad de Santa Ana, El Salvador.

Conozcamos al santo de hoy, San Maximiliano Kolbe, con el P. José de Jesús Aguilar Valdés desde México.
Vea la película de San Maximiliano Kolbe del canal Orden Franciscana Secular de España