Santa Misa presidida por el Presbítero José Arturo López Cornejo desde el Pueblo de Topiltepec, estado de Guerrero, México
Liturgia de la Palabra del Viernes de la V Semana de Pascua.
Con Pbro. Ernesto María Caro. Compartido por: P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 15, 22-31.
En aquellos días, los apóstoles y los presbíteros con toda la Iglesia acordaron elegir algunos de ellos para mandarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas, llamado Barsabá, y a Silas, miembros eminentes entre los hermanos, y enviaron por medio de ellos esta carta:
«Los apóstoles y los presbíteros hermanos saludan a los hermanos de Antioquía, Siria y Cilicia provenientes de la gentilidad. Habiéndonos enterado de que algunos de aquí, sin encargo nuestro, os han alborotado con sus palabras, desconcertando vuestros ánimos, hemos decidido, por unanimidad, elegir a algunos y enviároslos con nuestros queridos Bernabé y Pablo, hombres que han entregado su vida al nombre de nuestro Señor Jesucristo. Os mandamos, pues, a Silas y a Judas, que os referirán de palabra lo que sigue: Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables: que os abstengáis de carne sacrificada a los ídolos, de sangre, de animales estrangulados y de uniones ilegítimas. Haréis bien en apartaros de todo esto. Saludos».
Los despidieron, y ellos bajaron a Antioquía, donde reunieron a la comunidad y entregaron la carta. Al leerla, se alegraron mucho por aquellas palabras alentadoras.
Palabra de Dios
Te alabamos Señor
Reflexión de la Primera Lectura
Una de las cosas más reconfortantes y que animan nuestra esperanza, es el hecho de que la Iglesia es dirigida y sostenida por el Espíritu.
Es una institución formada por hombres pero cuya fuerza y diligencia no provienen de la debilidad humana, sino del poder de Dios. Es por ello que a pesar de que ha habido épocas de gran oscuridad y tempestad en la Iglesia, la luz y la fuerza del Espíritu no la han dejado naufragar. Por eso estamos seguros que cuando se trata de fe y costumbres, en el seno de la Iglesia volverán a resonar la palabras que hoy hemos escuchado: «El Espíritu Santo y nosotros.»
Esta es la garantía de que caminamos en la verdad y hacia puerto seguro. Por ello los que se apartan de la Iglesia o los que rechazan su magisterio ordinario, corren el grave riesgo de perderse en humanas e inútiles discusiones y de no encontrar la paz y la verdad.
Salmo 56, 8-12.
R/. Te daré gracias ante los pueblos, Señor
Mi corazón está firme, Dios mío,
mi corazón está firme.
Voy a cantar y a tocar:
despierta, gloria mía;
despertad, cítara y arpa;
despertaré a la aurora. R/.
Te daré gracias ante los pueblos, Señor;
tocaré para ti ante las naciones:
por tu bondad, que es más grande que los cielos;
por tu fidelidad, que alcanza las nubes.
Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu gloria. R/.
Lectura del Santo Evangelio según San Juan 15, 12-17.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande a sus amigos que el que da la vida por ellos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que le he oído a mí Padre.
No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca, de modo que el Padre les conceda cuanto le pidan en mi nombre. Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros».
Palabra del Señor
Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús
Reflexión del Evangelio
El amor cristiano tiene una característica muy particular: ha de ser semejante al de Cristo. Jesús en este evangelio no deja lugar a dudas de cómo ha de ser nuestro amor: «ámense de la misma manera que yo los he amado».
Entre las notas que nos pudieran ayudar a entender y a vivir este tipo de amor, te propongo: El amor de Cristo fue un amor solidario, dejó su trono del cielo para servirnos, para ser uno de nosotros; renunció a su «dignidad» para ser uno más entre los humanos. Fue un amor compasivo, por ello no podía ver un enfermo, un hambriento, un atormentado sin que él hiciera algo concreto por éste; no vino sólo a darnos órdenes y sermones sino a aplicar su amor y caridad con los más necesitados. Fue un amor total y envolvente.
Para Jesús no había clases sociales, culturas, buenos o malos, justos o pecadores, romanos o judíos. Los amó a todos, los envolvió a todos de manera total. Junto a él nadie se sentía excluido. Si verdaderamente queremos cumplir el mandamiento de Jesús nuestro amor ha de ser también: solidario, compasivo, total y envolvente.
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.
Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, María y José.

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