Santa Misa y Liturgia de la Palabra del Día VI dentro de la Octava de la Natividad del Señor

Santa Misa del Día VI dentro de la Octava de la Natividad del Señor presidida por el P. José Arturo López Cornejo desde el estado de Guerrero, México

 

Liturgia de la Palabra del Día VI dentro de la Octava de la Natividad del Señor

Compartido por el P. Roberto Rodríguez – Rector del Seminario Mayor de Guayaquil

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 2, 12-17.
Os escribo a vosotros, hijos míos, porque se os han perdonado vuestros pecados por su nombre. Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al Maligno. Os he escrito a vosotros, hijos míos, porque conocéis al Padre. Os he escrito, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, los jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno. No améis al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguno ama al mundo, no está en él el amor del Padre. Porque lo que hay en el mundo –las pasiones del hombre terreno, y la codicia de los ojos, y la arrogancia del dinero–, eso no procede del Padre, sino que procede del mundo. Y el mundo pasa, con sus pasiones. Pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
Palabra de Dios

Reflexión de la Primera Lectura
En un mundo que se presenta lleno de atractivos de toda clase, es fácil caer en la tentación de amarlo y de elegirlo por sobre el valor único y definitivo que es Dios. Es por ello que el Apóstol nos previene: “No amen al mundo ni lo que hay en él”.

Esto no lo dice porque el mundo sea malo, pues como nos lo dice el Génesis, Dios “hizo todo muy bien”, y por ello todo es bueno. El problema se presenta cuando deslumbrados por el “oropel” del mundo dejamos a Dios, o lo relegamos dentro de nuestra vida haciendo que sus mandamientos y preceptos pierdan validez e importancia en nuestra vida.

San Pablo decía: “Todo me está permitido pero no todo me conviene”. Dale el primer lugar a Dios en tu vida y ten el Evangelio al centro de todas tus actividades; esto hará que sea el Espíritu quien dirija tu vida, quien te llevará a disfrutar de todo lo que Dios ha creado para nuestro bienestar y nuestra felicidad.

Salmo 95, 7-10.

R/. Alégrese el cielo, goce la tierra

Familias de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor. R/.

Entrad en sus atrios trayéndole ofrendas,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado,
tiemble en su presencia la tierra toda. R/.

Decid a los pueblos: «El Señor es rey,
él afianzó el orbe, y no se moverá;
él gobierna a los pueblos rectamente.» R/.

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 2, 36-40.
En aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.
Palabra del Señor

Reflexión del Evangelio
La alegría del nacimiento de Cristo tiene que ser una noticia de salvación para todos los que se encuentran prisioneros por el pecado, la desesperación, la angustia, el temor y el miedo.

De la misma manera que Ana, la profetisa, comenzó a hablar de Jesús, nosotros también debemos compartir con los demás la alegre noticia de que Jesús es una realidad en nuestra vida y en nuestro mundo; que él es la única oportunidad que tiene el hombre para ser feliz, pues solo en él esta la Vida, la paz y la perfecta armonía interior.

No podemos quedarnos con esta noticia solo para nosotros; quien ha conocido a Jesús, debe anunciarlo a los demás. Tú y yo somos los nuevos profetas de Cristo, no tengamos miedo ni vergüenza de hablar de Jesús a nuestros amigos y compañeros.

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.
Pbro. Ernesto María Caro.

Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, José y María.
FELIZ NAVIDAD

       

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