La Diablada Pillareña: supuesta tradición indígena que disfraza el alcoholismo y la violencia

Imagen de la Diablada Pillareña – Ecuador travel

 

Por: Ivonne Espinosa de Chóez, Periodista Profesional – Directora de Informa-Te Ve LATAM

Píllaro, Tungurahua – Ecuador.

Cada año, del 1 al 6 de enero, el pequeño cantón de Píllaro, en la provincia de Tungurahua, se convierte en el epicentro de una de las fiestas más impactantes y coloridas del calendario andino ecuatoriano: la Diablada Pillareña. Declarada Patrimonio Cultural Inmaterial del Ecuador en 2008, esta festividad congrega a miles de personas entre comuneros, turistas nacionales y extranjeros, que se sumergen en un performance de máscaras, música y danza.

Pero bajo los horrendos trajes demoníacos, los pasacalles y la identidad simbólica que pretende representar la resistencia indígena contra la colonización, se esconde una realidad preocupante que amenaza con devorar el espíritu de la tradición: el alcoholismo y la violencia.


Una fiesta indígena controversial

 

La Diablada Pillareña tiene raíces controversiales y múltiples interpretaciones. Algunos historiadores afirman que surge de las manifestaciones indígenas coloniales como forma de protesta frente a la opresión religiosa y económica. Otros sostienen que sus orígenes son recientes, sin más sustento que la memoria oral y adaptaciones culturales modernas. Más allá de su origen, lo innegable es que la fiesta ha evolucionado en una mezcla simbólica irrespetuosa entre lo sagrado y lo profano, una especie de carnaval infernal donde todo está permitido.


Alcohol, violencia y pérdida del sentido comunitario

 

Durante los días de celebración, Píllaro vive una transformación que escapa al control institucional. Calles cerradas, música ensordecedora, multitudes disfrazadas, y en muchos casos, borrachos tirados en las aceras, peleas a puñetazos, y mujeres acosadas o golpeadas en plena vía pública.

Los puestos de venta de licor superan por mucho a los de comida tradicional. Las «guarichas» (hombres vestidos de mujer) y los «diablos» beben desde el mediodía, y al caer la tarde, muchos de los danzantes están completamente ebrios, convirtiendo la celebración en un terreno fértil para la agresión, la delincuencia y el abuso.

Habitantes de Píllaro afirman que año tras año, la violencia aumenta. «Antes se bailaba con respeto, ahora es puro trago, insultos y peleas. Ya no hay tradición, hay descontrol», dice Martha, residente de 62 años.


Testimonios preocupantes: tradición secuestrada por el exceso

 

Carlos M., paramédico voluntario, relata:

“En la edición 2024 atendimos al menos 50 casos por intoxicación etílica, 12 por peleas callejeras y tres mujeres con signos de agresión. Lo que más asusta es que la mayoría eran adolescentes.”

María R., madre de familia, comenta:

“Mi hijo de 17 años fue con sus amigos a bailar como capariche. Regresó golpeado. Le pegaron por no querer tomar. ¿Dónde están los organizadores?”


El reto institucional: proteger la cultura sin permitir el caos

 

Aunque el Municipio de Píllaro y el Ministerio de Cultura promueven la Diablada como una expresión de identidad cultural y motor del turismo local, no existen controles estrictos sobre el consumo de alcohol ni protocolos de seguridad adecuados. La presencia policial es limitada y los hechos de violencia muchas veces se minimizan para evitar “dañar la imagen de la fiesta”.


La voz de una comunidad que pide rescatar su identidad

 

Muchos habitantes de Píllaro no quieren que la Diablada desaparezca. Quieren que se salve. “No queremos que la gente venga a ver borrachos y peleas. Queremos que vengan a ver cultura, historia y arte”, dice don Eliseo, mascarero tradicional. Su opinión es compartida por muchos que aún creen que la Diablada puede y debe ser una celebración de vida, no un campo de batalla etílico.


Conclusión: ¿baile de cultura o carnaval de excesos?

 

La Diablada Pillareña supuestamente representa la riqueza simbólica de un pueblo que se resiste al olvido, pero es solo una celebración absorbida por la desmesura y la indiferencia. La Diablada solo es una tragedia anual disfrazada de folclore.

 

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